miércoles, mayo 25, 2011

“MI HIJA SE FUE DE NUEVO” Sábado 7 de mayo de 2011

Sábado 7 de mayo de 2011 “MI HIJA SE FUE DE NUEVO”

Ahora que el calor ha vuelto por sus fueros, luego de una tregua de 3 días inéditos de mayo con nublados y un poco de vientecillo frío insolente y sutil como biniza*, he regresado a Ixtepec tan sola como triste. Nada salió como pensaba en esta estancia de mi hija. Primero, me dijo que esperaba a una amiga que llegaría el viernes, así que no podríamos irnos el viernes a SanCris y a Tuxtla como yo deseaba; segundo, que su amiga venía para que ella la llevara al mar y se irían a pasear allá, por lo menos el día sábado. Así que, adelantamos el viaje a Tuxtla porque yo debía ir a hacer un trámite. Nos fuimos sin Nelson porque andaba en la prisa de sus ensayos ya que tenía tocadas muy próximas, lo bueno fue que mami nos acompañó y el trayecto fue lindo para mí, acompañada de mi madre y mi hija. Lo malo fue que, desde el día que salimos de Ixtepec empezó un vientecillo y un frío completamente originales para el mes de mayo en nuestras tierras y así estaba también Tuxtla, así que, ni ganas dieron de entrar a la alberca, ni hubo paseo a SanCris y, lo peor de todo fue que, una vez allá, le hablaron a Tita y le dijeron que su contrato con el depa ya había vencido hasta el depósito, por lo que debía regresar para cambiarse al nuevo ¡ya!

Ni modo, ni salimos a pasear, ni salimos a comer juntas, ni hicimos nada de nada. Durmió 2 días allá -el miércoles que llegamos en la tarde y el jueves- y el viernes a las 6:00 P.M. salió de Tuxtla con destino al D.F., aún se le quedaron unas cosas en Ixtepec y ya no pude mandarle a los niños sus totopos y otras cositas que deseaba que ella se llevara para ella y para ellos.

Ahora estoy de regreso en la casa y el calor ¡maldito hipócrita! ha vuelto con más intensidad que nunca.

Recorro la casa y cada cosa me hace sentir nostalgia de la presencia de mi hija en mi vida, de los poquitos y cada vez más escasos momentos que tenemos para ella y para mí en todo el año. Abro el refri y veo todo lo que se nos quedó pendiente, en tanto que la alacena está tan llena de cosas que ella y yo habríamos de usar en la cocina. Cada una representa algún momento especial que íbamos a pasar juntas…Espero por la próxima vez que la vida nos guarde un espacio para ella y para mí. ¡Que no pase tanto tiempo, por Dios, que venga pronto!

Ahora espero que Juan pueda venir antes del fin de año y nos veamos, al menos dos veces este año.

En estos días me he estado preguntando por qué parece que la vida, para mí, se detuviera hasta aquellos momentos, ahora ya tan raros, en que un hijo visita nuestra casa. Antes, cuando los 3 estaban estudiando, igual venían sólo en las vacaciones y, aunque eran sucesos más frecuentes, no recuerdo haber tenido esta sensación de ahora de que todo se queda en suspenso, de que la vida entera –mi vida- hace una pausa, de que todo, sueños, proyectos, planes y algunas musarañas, se congelan como en una película dañada y no hay forma de hacerla volver a caminar, como si todas mis emociones se entumieran y quedaran dormidas hasta la siguiente llegada de algún hijo a la casa.

Pero, como siempre, racionalizo un poco y me percato -¡Diablos! Es que antes, cuando no estaban mis hijos porque eran días de escuela, mi vida emocional se llenaba, se satisfacía plenamente con el contacto diario con mis estudiantes, esa emoción de ir a hacer las clases y lograr que sintieran la excitante aventura de aprender, haciendo de cada una de mis clases un suceso importante, inigualable y feliz, significativo y único. Siempre motivándolos a que, en su futuro quehacer como docentes, propicien que el niño sienta que llegar a clases es la mejor aventura de sus vidas: -“cada clase una aventura fascinante, muchachos”. Y la emoción de ir viendo cómo lo van sintiendo y lo asimilan, el contacto con ellos, su energía, su carácter alegre, desenfado y joven, hacían que ´hasta los momentos de planear cada clase, fueran para mí momentos increíbles de dicha y satisfacción profesional y personal.

¡Ésa es la verdadera carencia de estos días infames!

*Palabra zapoteca que designa la brisa o llovizna. Cuando el aire del norte llega trayendo consigo pequeñísimas gotas de lluvia que, en el istmo de Tehuantepec también llaman “aguanorte”.

“¡¡LLEGÓ MI HIJA A LA CASA, LLEGÓ MI HIJA!!”. Sábado 30 de abril de 2011

Sábado 30 de abril de 2011 “¡¡LLEGÓ MI HIJA A LA CASA, LLEGÓ MI HIJA!!”

¡Ni yo misma puedo creerlo! ¡Esta mañana llegó mi hija del D.F.!

Desde hace semanas me dijo que aunque no podría llegar en la Semana Santa, vendría un poco después y, el sábado de gloria la llamé preguntando si ya salía de México. Me dijo entonces que no podía aún y, resignada, me conformé con la idea de que ya no vendría en este mes ni el próximo. Pero anoche llamó y me dijo que salía un poco más tarde y, por lo tanto, llegaría hoy sábado temprano para quedarse ¡¡toda la semana!! ¡Me volví loca unos momentos pensando en lo que me gustaría comprar para compartir con ella! Por lo pronto me levanté temprano y fui al mercado por queso fresco, chiles rellenos, tortitas de papa, mole negro, tortillas de mano, tenía frijolitos en la casa, pollo horneado y dulces de biznaga y chilacayote, por supuesto café bien preparado, vino tinto, verduras y pastas para preparar cualquier platillo.

Disfruto tanto su presencia porque ella y yo tenemos los mismos gustos en comida, así que juntas fuimos de compras y trajimos baguettes, jamón serrano y de york, salami, espinacas, cilantro, apio, acelgas, fresco y rojo tomate, aceitunas negras y de las verdes rellenas de anchoas, deliciosas. Con aceite extra virgen de olivo y vinagre especiado, preparamos una rica ensalada y cada quien le puso al pan lo que le dio la gana.

Pienso en todo lo que vamos a hacer juntas en estos días: desde mirar comedias sin sentido que, por su misma nimiedad e intrascendencia, nos hacen reír hasta que nos duelen las mejillas de tanto estirar la cara a carcajadas. Uno que otro programa de arte, sea de música o pintura, algún documental que nos atraiga; películas románticas y bobas, de esas que nos hacen llorar y son una catarsis tan rica y saludable como lluvia cayendo sobre el campo.

Vamos a pasar un tiempo juntas también en la cocina, haciendo cosas exquisitas y sanas, muchas verduras frescas, algún postre sabroso y vasos refrescantes de “tinto de verano” (que ella me ha enseñado a preparar y que, dice, acostumbran tomar los madrileños cuando el calor sofoca aquellos lares).

A lo mejor nos vamos tempranito al ojo de agua, ya que David no quiso levantarse nunca para hacerlo, a lo mejor con ella, que siempre es más dinámica y alegre, vayamos diario a darnos un fresco chapuzón, nos tomaremos un chileatole y, si no desayunamos allá, pues nos compramos tamalitos de elote y regresemos felices a acostarnos en la sala para ver cualquier cosa que queramos acompañadas de un rico capuccino.

Para el viernes quizá vayamos hasta Tuxtla con Nelson y nos demos una escapada a SanCris, un paseíllo a Rancho Nuevo a gozar de lo verde y lo fresco del lugar y, al regreso, ya en Tuxtla, salgamos a comer con Jorge y Eli, a cantar con los grupos musicales en el Tilingo Lingo y divertirnos platicando de todo. Si hace calor regresaremos a meternos en la alberca de casa del tío Jorge y, con seguridad la tía Eli nos dará deliciosas bebidas refrescantes. El domingo temprano estaremos regresando a ixtepec para que mi hija se vaya en el autobús de la noche.

¡Hija: Sólo saber que vas a estar aquí unos días, ya me hace disfrutar más la vida! ¡Cómo disfruto la vida a tu lado nena!

“LA BLONDIE Y SUS GATITOS”. jueves 28 de abril de 2011

jueves 28 de abril de 2011 “LA BLONDIE Y SUS GATITOS”

Hace algunas semanas –el 21 de marzo para ser más exactos- la Blondie dio a luz 5 gatitos. Cuando me di cuenta de que ya había parido, busqué a esos michitos indefensos adentro de la casa, bajo todas las camas, atrás de la estufa y del refri, adentro de los clósets, por debajo y atrás de los libreros pero… ¡Nada!

Al no hallarlos, sospeché que los habría parido en el patio y recorrí, buscando, todos los escondites posibles para el caso. Sospeché de los perros y, entonces me imaginé que ella, por librarlos de Fido y de su madre, podría haberse ido al terreno de al lado, ese baldío lleno de monte y de basura que le avientan los cochinos vecinos de la esquina. Pues resulta que allí, con la ayuda de Claudia y del tío David, rescatamos a 5 pequeñitos. Cuatro amarillos casi idénticos a ella, con collarcito o con pechera blanca y un poquito de blanco también en las patitas; el 5º es un pequeño tigrito gris con blanco, hermoso como un gato de peluche. De los 5 hay 4 machos y una hembra amarilla que murió aún en los días en que estaba mi hijo aquí en la casa. Les pusimos una caja con papel periódico en la cocina y, diligente, su madre se mete a amamantarlos varias veces al día. Casi al mes empezaron a salirse de la caja y caminar se volvió peligroso pues en cualquier momento de distracción podíamos pisar un gatito.

Luego Eloísa sacó la caja con los mininos al corredor y, no sé si fue Dido o algún gato malora, pero un gatito amarillo apareció muerto, con el cuello sangrante. Desde ese mismo instante la Blondie, que hasta entonces se había llevado bien con los perros, los empezó a odiar y a atacarlos cada vez que los ve, incluso Davicito y yo fuimos testigos de una afrenta directa de la Blondie a mi Dido; en un momento en que la perra se levantó de debajo de las guayas donde rasca en busca de humedad, la gata corrió a ese lugar, rascó y se zurró en la cama de la perra con premeditación, alevosía y ventaja. Se vio tan grosera y vulgar que Davi no resistió y le lanzó un mango para ahuyentarla, pero el daño estaba hecho. Yo enseguida regresé a la cocina la caja de los michos pero no los encontré, su madre los había escondido y trascurrió más de un día para que reaparecieran, aunque ahora sólo había uno amarillo y el tigrito gris. No supe nunca qué fue del otro amarillo, buscamos y buscamos y, ni el cadáver encontramos por ningún lado.

Y esta mañana volví a verlos bajo la mesa del corredor, sólo que, al acercarme tratando de agarrarlos, noté que el amarillo sobreviviente estaba muerto, desmembrado de la patita izquierda que estaba allí tirada tan completa y perfecta como si la hubiera cortado un cirujano. Con sumo cuidado levanté el cuerpecito y, la cabeza estaba también perfectamente cercenada, como si lo hubiera hecho un bisturí. Escarbé un poquito y enterré los restos de aquel pequeño gato tan pequeño y perfecto como un fino muñeco de peluche, tan exacto en tamaño como en color y forma.

Me deprimí y lloré por el triste destino de los bellos mininos de la Blondie. Rescaté al tigre gris sobreviviente y, desde ese momento decidí que se queda en la casa.

Ahora se llama Goyo y hace mil travesuras, se adueña de la casa y la recorre persiguiendo a su madre, a mí o a Nina, se sube a los sofás y hasta a las camas. Juega y jala tapetes haciendo caer las cosas de la sala, practica lucha libre con su madre y se dan unos rounds tan increíbles que, es todo un espectáculo mirarlos. Nina hace como que lo odia pero, si se le arrima lo suficiente, lo baña a lengüetazos, amorosa y feliz; sólo cuando la Blondie los observa y se acerca, vuelve Nina a su pose de “no te quiero nada”, lo reprende y lo corre de un zarpazo. Pero es sólo una pose, porque noto que, en el fondo lo ansía como hijo y, cuando la presencia de su madre le recuerda que el gatito no es suyo, fingiendo indiferencia lo regaña y ahuyenta de su lado con terribles gruñidos y bufidos de gato.

“SE FUE DAVID A MÉXICO OTRA VEZ” Martes 26 de abril de 2011

Martes 26 de abril de 2011 “SE FUE DAVID A MÉXICO OTRA VEZ”

Vuelve otra vez la suciedad de la rutina diaria, con su gris, su mediocre simulacro de vida, sus insípidos días entumidos y estúpidos, del color de la mugre, pues la falta de acción y de aventura va dejando su lustre de inmundicia. Ayer se fue mi hijo y la casa es, de nuevo, como un sitio muy grande y desolado. Vimos juntos “El lago de los cisnes” de tchaikovsky y también “Rigoletto” de Verdi, en una versión con un Pavarotti muy joven que transmitió el canal Film and Arts. La música de la Donna è móvile, nos pegó y la estuvimos oyendo hasta bajada de internet. Ahora cuando la oigo, no puedo evitar que se me haga un nudo en la garganta recordando cómo estuvimos juntos y felices un momento tan breve, casi como una pausa en la mediocridad de la sucia rutina que es mi vida ahora.

Pero es mejor así, pues la expectativa de volver a estar juntos los cinco, me mantiene a la espera de mejores momentos y me impele a seguir… ¡Sólo por lo que viene!

Y en unos días se acaban las vacaciones y… deberé volver a la estúpida farsa de 1 a 4 de la tarde. ¡Sólo pensarlo me enferma! ¡En serio, me provoca estrés y el estrés dolor de cabeza y me empiezan a doler los huesos, se me acelera el pulso, me sube la presión arterial….¡Uuuffff!

Lunes 18 de abril de 2011 ¡¡MI HIJO DAVID LLEGÓ DE VACACIONES!!

¡¡MI HIJO DAVID LLEGÓ DE VACACIONES!! Lunes 18 de abril de 2011

Ayer llegó la luz de nuevo a nuestra casa. Me levanto feliz, más llena de energía que en los últimos 3 ó 4 meses. Mi hijo va a pasar unos días conmigo y la vida recobra su sentido perfecto de alegría, trabajo, complacencia y amor.

Desde hace días he planeado cosas. Mandé a hornear –en horno de pan, por supuesto- tres pollos y puré de papa., hay una olla de frijoles charros, queso fresco y totopos; hay helado, yogur, cereales, fruta, leche y café, chocolates y dulces para que mi hijo coma ¡lo que quiera!

Mi cabeza no deja de buscar cómo puedo complacer a mi hijo en sus más mundanos placeres terrenales: la comida, un buen vino, los libros, algún programa de arte que nos llene el cerebro y la pupila y, por supuesto, el clima en su recámara, una hamaca en el patio, algún sitio donde ir a comer fuera de casa y quizás un paseo a la playa el sábado o domingo.

Vuelvo a tener la vida, con placer, ocupada en atender a mi hijo y pasar buenos ratos compartiéndolo todo, pienso en algunos temas que han quedado en suspenso entre nosotros, tengo algunas preguntas personales y. . . ¡Oh Dios! ¡Cómo voy a gozar de su presencia! ¡Una semana entera de mi hijo en la casa!

domingo, mayo 15, 2011

De las pasadas vacaciones decembrinas_Lunes 3 de enero de 2011.

Lunes 3 de enero de 2011.

Este año la tía Queta pasó la navidad y el año nuevo con mami. ¡Fue bueno ver a mami ocupada en atender a su única hermana, ella que, tan pequeñita perdió a su padre y debió crecer sólo con su madre, su hermano y su hermana, de los cuales ya sólo le queda la tía Queta.

Pero es diciembre y, como todos los años, estuve algunos días disfrutando la presencia de mis hijos, mi madre, mis hermanas…Algunos primos y tíos y una gran cantidad de sobrinas y sobrinos de todas las edades. Y eso que ahora no vino el tío Roldán, ni otros primos como Óscar y Toña, Maco y Mary, Jorge y Érika, Olga y su hija. Afortunadamente Jorge y Eli sí llegaron, aunque sólo para la fiesta de año nuevo, la navidad la pasaron en Tuxtla pues el nieto -¡Qué envidia, ya tienen nieto!- tenía muy pocos días de nacido y no quisieron correr riesgos viajando con Carito recién operada y su bebé tan tierno, hasta 8 días después vinieron a estar con nosotros y presentarnos al recién nacido.

Qué bonito es tener una familia grande! ¡Tanta hermana y hermano, tanto sobrino y primos de todas las edades, desde los pequeñitos que aún reclaman los brazos de su madre, hasta los adultos profesionistas ya... y casaderos, incluyendo a Dianita quien, siendo la primera nieta, ha dado a mi mamá la primera bisnieta haciéndonos a todos tíos abuelos. Y ahora Carolina -de quien no lo esperábamos por sus jóvenes años-, nos trajo al integrante más pequeño de la familia y me volvió tía abuela por partida doble. Tantos tíos, cuñados y cuñadas y, para mí, el placer de tener hijos y esposo, sólo sobrepasado por el inenarrable gusto de convivir aún con nuestros padres. Y aunque papá no está desde hace dos diciembres, mi mamá llena el corazón de todos haciéndonos sentir menos terrible esta carencia. Por eso siempre me han gustado las vacaciones decembrinas! El placer de estar reunidos y saber de todos es, tan grande. Las pláticas se multiplican de uno a otro rincón de la sala, el comedor, el patio, la cocina, los niños que corren por el patio y la casa, sus caritas felices, sus animados juegos infantiles; los cuidados de padres y de tíos que se extienden a cualquier amiguita o amiguito que ande con ellos. Se recuerdan anécdotas de nuestra infancia, adolescencia y juventud, hay risas y canciones de ese tiempo; recordamos amigos de la escuela, conversamos de encuentros con viejos conocidos, todo es barullo y alegría, un poco de nostalgia por aquellos muchachos que antes fuimos…y mucha felicidad de estar vivos y juntos otra vez en la casa que nos vio nacer a casi todos.

Luego vienen las tristes e inevitables despedidas. Esos momentos de confusión y prisa en que algunos se apuran entre sí, unos más observan todo tratando de parecer felices, mientras otros fingen indiferencia manteniéndose ajenos, pero yo sé que a todos nos tortura un mismo pensamiento: -¿A ver cuándo nos vemos nuevamente? -¡Cuándo volveremos a estar todos juntos, con cónyuge y con hijos, disfrutando del placer infinito de ser una familia tan grande.

Luego llega lo peor, lo más triste y deprimente de cada inicio de año desde que Florecita se fue a estudiar la carrera: Se van mis hijos de uno en uno, como pétalos que deshoja el viento, y de nuevo estoy sola y la casa y el patio se ven vacíos y tristes, sin sentido…¡Tanta casa y tanto espacio para pasarla bien! ¡Qué sentido tiene para dos adultos ya sin energía! Hasta los perros parecen deprimidos y más solos que nunca. Las gatas no maúllan pidiéndome más whiskas y parece que sienten mi tristeza pues se acomodan cerca de donde me encuentro con un gesto que es casi como si dijeran: -“No te preocupes ama, aquí estamos aún, ya no estés triste”.

Me recompongo luego de unos días –entre 30 y 40- y me alegra que el tiempo sea un viajero veloz, ya que muy pronto vendrá semana santa y luego vacaciones de verano y vendrán mis hermanos, sus hijos, sus parejas; y por fin, nuevamente vendrán las vacaciones decembrinas y la vida volverá a inundar la casa. Mientras tanto aquí estoy, a la espera de los días de dicha en que volvamos a ser completa, una familia.

jueves, noviembre 11, 2010

Una clase "para escribir"



Luego de que, durante semanas vimos, diseñamos y practicamos estrategias diversas para trabajar desarrollo y fomento a la lectura, ahora nos encontramos en el momento en que debemos empezar a trabajar "escritura". ¿Qué podemos y debemos hacer para hacer que los alumnos escriban? ¿Cómo motivarlos a escribir? ¿Qué estrategias usar para hacer de la escritura algo interesante y divertido? Voy a iniciar poniéndoles el ejemplo y luego... veremos qué pasa.

Pues no sé ustedes, muchachos, pero a mí casi todo me despierta las ganas de escribir. A veces es el clima: ya sea la lluvia o el viento, o el calor de casi siempre. Normalmente son los niños que me rodean quienes me invitan, con sus ocurrencias y sus cosas propias de niños, a escribir sus anécdotas transformándolas en cuentos o pequeños relatos que perduren más allá de la infancia de ellos mismos.

La verdad es que, si no me encuentro leyendo algo específico, entonces escribo. Y nunca falta algo que me haga escribir, parece que todo en esta vida tiene que ver -para mí- con la lectura o la escritura.

Escribo porque estoy triste, porque estoy alegre, porque voy a cumplir años, porque me siento sola o porque necesito a gritos un poco de soledad. Escribo sobre mis mascotas, sobre mis sentimientos, mis sueños, sobre cosas que me cuentan de otros lugares; sobre mujeres especiales, sobre personajes de mi familia, mi abuela, mi padre, mi mamá. Escribo sobre la música que me es tan amada, sobre las cosas de Ixtepec que me encantan, sobre el istmo y sus tehuanas, sobre Oaxaca y su grandiosa fiesta de la Guelaguetza. Sobre mi infancia ya tan ida, sobre mis alumnos que, en estos tiempos, se han vuelto mi razón de ser feliz. Nunca falta algo que me motive a escribir.

Y hoy quiero compartirles algo que escribí sobre el totopo, esa comida única de los istmeños que tan bien nos cae en cualquier momento del día, de la tarde o, incluso de la noche, cuando andamos de parranderos o, simplemente de desvelados. Lo escribí hace un tiempo a petición de una de mis hermanas que lo necesitaba para presentar los totopos en una muestra gastronómica del istmo de Tehuantepec en la Ciudad de Oaxaca.

-Pues comencé leyéndoles algo sobre el café, que escribió Elenita Poniatowska y que aparece en un libro que publicó la organización UCIRI. Luego, motivados por el tema, nos tomamos un delicioso cafecito en el salón de clases. Después leí mi texto sobre el totopo y, tanto hablar de la comida istmeña, se nos antojó una botanita, así que saqué la ensalada de atún que les llevaba preparada para el caso y, en parejas, les pedí que se sirvieran y comieran con los totopos correspondientes que llevé para esto.

De esta manera pudimos comentar y darnos cuenta que, motivados por algo que nos interesa, podemos escribir sobre cualquier terma. Y ahora deben escribir sobre algo que les llame la atención. Les sugioero empezar con una carta. Tal vez dirigida a nuestros directivos. . . o a cualquier persona que les nazca escribirle.

Espero con ansiedad la próxima clase para compartir los textos que hayan escrito. ¡Nos vemos muchachos!

miércoles, septiembre 30, 2009

El Caobo y yo

“El Caobo y yo”

Hoy estuve a la sombra de aquel viejo caobo de mi infancia. No es que no lo haya visto en tantos años, es que de tanto verlo había olvidado que él y yo hemos tenido tanta historia. Pero este mediodía me acerqué hasta su piel rugosa y hosca y al sentir su corteza mi memoria revivió como un haz infinito de luz del mediodía, la imagen de mí misma en otra vida.

La niñez rediviva se asomó a mis pupilas con la luz del amor y la nostalgia. Esa niña que fui y esos hermanos que compartieron conmigo el pan, la vida, el amor fraternal y los momentos tan queridos de una infancia feliz, de aquella vida donde niños de todas las edades jugábamos cien juegos diferentes, cien historias, mil risas y un millón de recuerdos inasibles y frescos, tan queridos como aquellas mañanas otoñales en que el viento agitaba las ramas del caobo y una lluvia de ramas y perones, nos caía desde el árbol de los juegos.

Al mirar el caobo es siempre inevitable, ver escenas ya idas. Recordé a mis hermanos. Tantos niños y niñas jugamos a su sombra, felices y cargados de energía, de unas ganas inmensas de vivir aventuras, emocionantes viajes y fantásticos rumbos que la vida tomaría con nosotros.

Vi a David, a Rebeca; a Beto lidereando nuestros juegos, Jorge y Laura, ¡Ay mi Dios! Vi a mi pequeño Sergio jugando junto al árbol esa última tarde de su vida que marcó para siempre la mía y la de muchos de esta casa. Lo vi tan claro como aquella mañana de domingo en que fuimos al templo y, al volver, junto al árbol querido de caobo, Sergio empezó a crearse un ojo de agua, un limpio manantial corriendo libre entre piedras y arena, sobre un cauce tortuoso que las manos de un niño-Dios construían a su antojo, recreando el paisaje conocido y dilecto de mi niño. Luego vino la tarde y una sombra siniestra se extendía alrededor de aquellas tiernas almas infantiles.

Hoy contemplo esa sombra en nuestro árbol, sus raíces salidas, su gran cuerpo inclinándose, vencido por la fuerza de Eolo, su frondosísima copa ya mermada por las talas, el viento, por los años. Una planta parásita le brota y crece y crece succionando su vida. Las hormigas, el comején, los pájaros que llaman carpinteros, todo merma su belleza y su vida que son la misma cosa.

Mi caobo rebasa el medio siglo y su memoria de árbol ha guardado retazos de pisadas y risas de los niños, de los juegos osados entre sus altas ramas. Él recuerda a los niños de otra vida, y a los otros que siguieron a aquellos y después, a los otros.

Entre sus nobles ramas ha guardado paisajes hogareños, familiares imágenes de una vida que fue, de aquella vida que yo conservo intacta en mi memoria.

Mi caobo nos vio todos los días, en su sabia guardó nuestros juegos sin fin, nuestros esparcimientos de la infancia. A través de la lluvia, de los años que vienen y se van como la vida misma: tanto viento, tantas hojas cayendo en el otoño, tantos inviernos aguantando el frío y cada renovada primavera contemplar aquel verde que renace con la simple esperanza de mirar otro año que se aleja, con la sencilla vida de los pájaros que vuelven a sus nidos; unas hojas se van y otras regresan, como en una parodia de la vida que él ha visto pasar bajo su sombra.

Viejo caobo de mis días de niña. Qué sueñas mientras llega la mañana en que tu sombra bienechora no detenga los rayos de la aurora o del candente sol del mediodía.

Qué debiera decirte al despedirme si mi tiempo mortal es como el tuyo. Qué puedo hacer por ti, si tu vida y la mía van ligadas y tu final se acerca lo mismo que mi adiós definitivo.

Gracias noble caobo, bello árbol frondoso de la infancia. No sé decirte adiós, me siento traicionera porque yo no te dado mas que la indiferencia de los años, en cambio tú me diste ese tiempo de gracia que pasé entre tus ramas, que era casi como subirse al cielo y ver el mundo abajo y sentir a las aves mis hermanas y a las nubes cambiando su tamaño y su forma, simulando los sueños de los hombres que nacen y se acaban al instante para formarse nuevamente otros y otros y así, hasta el infinito. FIN

martes, septiembre 08, 2009

"Filosofía Infantil", Un cuento veraniego

“ FILOSOFÍA INFANTIL ” (Un cuento veraniego)

La primavera apuntaba a su fin, los días de viento eran cada vez menos y el calor comenzaba su natural crescendo que ha de desembocar en los consabidos días de lluviaveraniega. Me sentía muy bien esa tarde de junio. Tranquila y satisfecha de mi vida, casi podría asegurar que feliz... Me senté a mirar a los niños jugando por el patio, alternaron los juegos unas tres o cuatro veces.Habían empezado la tarde jugando a declararse la guerra, -Declaro la guerra en contra de mi peor enemigo que es...”;con un trozo de cal habían pintado su redondel para pisar conforme les tocara gritar: -“¡stop!”.

Luego la guerra tomó un cariz diferente cuando descubrieron que el viento había tirado una gran cantidad de ramitas secas del añejo caobo que cabecea sobre nosotros y que sombrea casi todo el patio. Con sus improvisadas armas de madera se perseguían unos a otros con extraños disparos aislados: “¡puumm!”, “¡baamm!” y hasta impresionantes ráfagas del tipo “tatatatatatatá tatatatatatatá”.

Más tarde, esas asechanzas a tiros derivaron en la persecución en equipos de “Los encantados”, con “base”, “salvación para todos mis amigos” y toda esa cosa mágica tan propia de la infancia que crece libre y feliz en la provincia mexicana. En un momento en que entré a contestar el teléfono que no paraba de sonar, al volver el juego había cambiado de nuevo; aún en equipos, ahora corrían desesperadamente detrás de un balón, tratando de anotar goles en las improvisadas porterías a ambos extremos del patio, ahora bien resguardadas por sus respectivos custodios.

De pronto noté que los pequeños Danielito y Joselín que, por su edad, muy menor a los demás, estaban fuera del partido y sólo los usaban de “cazabolas”, discutían acalorados en las escaleras del corredor. Pensando ayudarlos me acerqué y, prudentemente quise escuchar antes de intervenir.

La noche había caído tan rápida como inesperada cuando uno está tan entretenido como ellos lo habían estado toda la tarde.

Alcancé a escuchar que uno decía:

-No tonto, cómo va a ser su cobija, se vieran sus pies, o sus manos, o su cabeza...¡a poco se va a tapar toditito sin que se le vea nada, si el sol es grande, grande!

-Bueno, no, a lo mejor no es su cobija -arguyó el otro pequeño-, pero tal vez sí es la puerta de su cuarto donde se mete a dormir.

Joselín, el más pequeñito, se acercó a mí y tirando de mi falda preguntó: -Tía, ¿Qué es la noche?, ¿Por qué llega?

-Esas son dos preguntas mi amor, primero, la noche es la hora del día en que el sol descansa; y llega porque el sol se cansa de tanto caminar todo el día y quiere su descanso como todos, así que se va a dormir un rato.

-¿Y por qué no se duerme en el día cuando estamos todos para que no le de miedo? -Objetó José.

-Porque debe alejarse de la vida, ya que la vida diaria es un bullicio que no deja dormir al sol.

-¿Tía, tía, y dónde se duerme el sol?

Joselín acaparaba la conversación mientras Daniel escuchaba reflexivo.

-En los océanos profundos y en las cumbres más altas.

-Y ¿por qué ahí? ¿Que no tiene una cama?

-Es que le gusta más el aire libre, la energía del agua que nunca se detiene, la frescura del viento en la montaña, y la corona plateada que ilumina la cima.

-¡Aaahh! Creo que ya entiendo, no le gusta el calor del día, porque a mí en el día, si no me encienden el clima, me da mucho calor dormir, por eso me voy al cuarto de mi mamá. Y de noche mi mamita abre la ventana de mi cuarto para que entre lo fresco y mi hermano y yo podamos dormir bien, porque el calor no nos deja descansar y estos días ya son veraniego ¿verdad?

-¡Ay! ¡Este niño! –Replicó Danielito airado- No se dice veraniego verdad tía, se dice del verano ¿no? días del verano.

-Sí mi amor, días del verano aunque días veraniegos tampoco está mal dicho.

El alboroto de todos cenando en el comedor, me indicó que el partido y los juegos de este día habían acabado. Mi mamá preguntó:

-¿Vas a cenar, te sirvo algo?

-No mami, sólo café y una manzana, si tiene, -respondí mientras entraba con los pequeñines a la cocina.

-¡Claro que tengo, tómala del frutero, si quieres yogur, en el refri hay!

-¡No mami, gracias, sólo la fruta! -dije mientras me sentaba a disfrutar un delicioso café y una acogedora plática con la familia.

En el comedor se encontraban tres de mis hermanas, uno de mis hermanos, tres cuñados y un numeroso equipo de hijos y sobrinos. Mi padre, a la cabeza de la mesa, conversaba con hijos y nietos; mi madre, trajinando incansable, entre su ir y venir de la cocina al comedor, platicaba con todos en un maravilloso acto de prestidigitación capaz de impresionar a un pulpo.

-Niños ya vámonos a la casa, súbanse al carro- gritó la madre de uno de los pequeños encaminándose al patio.

-Espera que terminen de cenar-, contestó alguien en el comedor.

Desde el momento en que el partido había terminado, niños y adultos habían empezado a cenar con la abuela que, como siempre, había previsto este momento y tenía deliciosas tostadas para todos, cafecito para los adultos y chocomilk para los pequeños.

Los pequeñines que habían conversado conmigo un rato antes, se hallaban sentados, cenando frijolitos con huevo.

Danielito y Joselín me llamaban a la cocina: -tía, tía, ven te quiero preguntar algo-, decía José.

- Dime mi amor, ¿de qué se trata?

-Tía, tía, ¿y la luna dónde se duerme en el día? No es cierto que se mete en una nube ¿o sí? Se viera la nube toda brillosa en el cielo ¿verdad? La viéramos todos.

Danielito atajó rápidamente: -Pero la luna es fría ¿verdad tía? No es como el sol porque entonces, cómo mandan cohetes a la luna, se quemaran. Explícaselo a este niño que no entiende, tía.

-La luna se mete al mar, a los lagos o a los ríos, ahí descansa y se baña para conservar su frescor y su blancura. A ella no le gusta mucho el calor, como a ustedes.

-No tía, a mí sí me gusta el calor, a este pequeño es que no le gusta, a mí sí porque cuando hace calor siempre vienen mis tíos y mis primos y vamos al Ojo de agua y al mar a quitarnos el calor y estamos todos contentos como en una fiesta.

-Claro hijo, porque el calor viene del sol y de la vida que es una fiesta increíble, con gran bullicio y con mucho calor aquí en el istmo.

-Por eso mis tíos aunque no vivan acá, siempre vienen a buscar nuestro calor de aquí ¿verdad? Porque a todos les gusta Ixtepec, por su calor.

Mis hermanas y mi madre, habían terminado de levantar, lavar y acomodar. La cocina y el comedor ya limpios, fueron quedando vacíos conforme todos abordaban sus autos y partían a sus hogares a descansar. Ahora el patio, ya vacío, se veía otra vez enorme e impresionante.

Me había despedido de mi papá y mi mamá, y sólo mi hija me esperaba afuera en el auto pues los muchachos y su papá se habían adelantado caminando. Aún ayudé a mi madre a cerrar el portón mientras Daniel y José, con sus respectivos padres estacionados junto a la banqueta, me decían adiós desde las ventanillas.

Danielito gritó:

-Tía gracias por explicarle a José las cosas, a ver si ahora entiende.

Joselín, que esperaba sentadito mientras su madre terminaba de subir juguetes y otras chácharas al carro, dijo enseguida:

-Ahora sí entendí lo del sol y la luna tía, lo que voy a querer que me expliques mañana es ¿cómo está eso de que yo salí de la panza de mi mamá? ¿Pues cómo entré ahí?

Todos se volvieron a verme con ojos interrogantes; mi hija bajó del auto y tomándome del brazo dijo:

-Pregúntale a tu papá, Joselín, él tiene una buena respuesta para esou F I N .

Junio de 2008.Quod scripsi, scripsi!